Publicado el 18/02/2021

Consideraciones sobre el ego

La profe de ashtanga yoga, Martina García, explica el impacto que tiene en nuestra práctica y en nuestra vida, el ego.

La práctica

Hace dos semanas y media que no practico. Y no tengo ningún impedimento. No tengo ganas. No conecto ni con lo físico, ni con lo sutil, ni con lo que me hace bien, ni con nada. Estoy negada.

Me siento en medio de un capricho infantil, y me veo desde afuera y me doy bronca. Pero tampoco hago nada para superarlo. Me dejo explayarme con placer sobre este capricho. Me dejo atravesar lo que sea que estoy atravesando emocionalmente y trato de no juzgarme. Trato. Pero lo primero que me asalta es la sensación de quedarme atrás.

El mundo sigue y yo me quedo atrás. ¿Atrás de qué? ¿Atrás de quién?. Estas preguntas me levantan una bandera de alerta y por suerte me dejo llevar por un mar de ellas que me permiten comenzar a discernir hasta donde juega el ego en todo esto.

Analizo mis pensamientos y observo, que el primer sentimiento tiene que ver con una comparación y competencia con un otro, que ni siquiera es concreto. Es otro con quien me comparo no existe. Es un holograma. Y ahí me permito indagar mas y mas para desarmar esa serie de emociones que me tienen mal.

Si con quien me comparo es un holograma, no tengo chance de estar a la altura. Me estoy comparando con una ficción. Una ficción con cualidades irrisorias, y no importa todo lo positivo que pueda aportar a la comparación. Siempre va a haber una desigualdad, porque la mente se va a encargar de ello. Es experta en ello. Desarticulo entonces esta ridiculez. Porque aparte, si tuviera que practicar movida por esta energía, ¿Qué sentido tendría la práctica? Ninguno.

¿Hay que destruir el ego?

Querido ego, te pido por favor: que te corras del medio y me dejes tranquila.

Hay que destruir al ego.

El ego me compara, me pide ser mejor, es orgulloso y caprichoso. Es demasiado sensible y no soporta que le marquen cosas. El ego a veces hace que una situación en vez de terminarse rápidamente, se vuelva un proceso dramático y tedioso. Saca todas las garras cuando lo hieren, y es capaz de dominar fácilmente el devenir de mis pensamientos y razonamientos. El ego tiene una voz muy poderosa y a veces tengo que hacer un trabajo enorme para darme cuenta que es él quien habla y no yo. ¿Quién soy yo? Definitivamente no mi ego. No soy mi ego. Al ego hay que destruirlo. Sin dudas hay que destruirlo. ¿Destruirlo?.

Porqué es necesario el ego

Comienzo a revisar todos estos pensamientos sobre mi Ego. Si mi Ego no existiese, tampoco tendría la voluntad de practicar. En absoluto. El ego es quien me permite practicar porque intenta buscar su verdadero ser. El ego es quien me ayuda a levantarme de la cama y hacer todo lo que me hace sentir bien. Es ese primer impulso. Y si voy a lo más básico el ego es quien me permite sobrevivir en este mundo. Quien quiere seguir vivo? Mi ego. 

Mi ego, en su justa medida entonces, es necesario. Entonces gracias querido ego, gracias. Gracias por permitirme adentrarme en esta práctica hermosa que tan bien me hace. Y ahí recuerdo con amor exactamente eso: cuán bien me hace la práctica.

Vuelvo a repetirme, por vez número 3000, que practicar no es únicamente asanas, y que si no me siento como para practicar asanas, puedo practicar pranayama, cantar mantras, meditar… ¡Puedo practicar desde tantos lugares! Y no se si será un juego de la mente o qué, pero automáticamente me dan ganas de practicar asanas. 

Poniéndolo todo en perspectiva y analizando el comportamiento de mi mente, puedo decir que cada tanto entra en un estado así, ofuscado y caprichoso y salir de este estado requiere de mis habilidades. Habilidades que he ganado con los años de práctica.

Gracias querida práctica. ¿Qué sería de mi sin vos?

Hoy vuelvo a practicar.

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Publicado por Martina García

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