Publicado el 25/10/2020

Iniciación a la meditación

Permiso, hoy les quiero acercar mi experiencia, un relato en primera persona. Te quiero invitar a ver un modo para abordar la meditación. Si bien he practicado diversas meditaciones budistas, como Za Zen, Vipassana, entre otras; tenía la sensación de que no se terminaban de adecuar a mi visión. Sentía algo rígido en las prácticas y en los métodos, y eso me impedía sumergirme en esas experiencias.

Cómo llegué al Mindfulness

Fue hace menos de 6 meses, habiendo escuchado muchísimo sobre la meditación mindfulness. Creía que era algo con lo cual tenía contacto por default, por llevar una vida en contacto con actividades tales como el yoga, el disfrute por la naturaleza, el vegetarianismo, una filosofía de vida sana, el amor por las artes y los animales, entre otras cuestiones.

Sin embargo es cuando transito por una fuerte crisis personal, momento que coincide con el preciso momento en que se desata esta dura pandemia del COVID, la cual trae muchísimas complejidades. En mi caso trae al menos 4 duelos en el lapso de 7 meses, razón por la que siento que era el momento ideal para comenzar este camino. Pues no tenía a mi alcance la posibilidad de resolver reaccionando, como siempre lo hice, ya no podía.

Tampoco podía tener la posibilidad de responder con las millones de actividades que me ayudaban a evadir la realidad. Estaba inmersa en una verdadera crisis. Una muy fuerte. Y no podría, como tantas personas consideradas no esenciales, llevar adelante mis proyectos artísticos – laborales para este 2020 relacionados con nuevos estrenos en el teatro. De esta forma, es a partir de la sugerencia de mi hermana, acompañada de  mi terapeuta, es que decido embarcarme en esta experiencia de la meditación mindfulness, pensando que en algún punto podría llegar a aprender a controlar mi mente y así lograr ser feliz (ilusa, yo)

¿Recordas cuál fue la última vez que fuiste feliz?

Me doy cuenta de que me cuesta responder a esta pregunta. Tengo destellos de felicidad. Siento un manto gris, y como me gustan los desafíos, decido asumir esta crisis como una oportunidad. Así llegan mis primeras experiencias meditando, las cuales resultan muy difíciles, dándome cuenta que claramente no estoy ni cerca de estar en control de ninguno de mis sentimientos. Comienzo a sentir que el control es una ilusión; siento enojo y frustración, y ni siquiera logro dilucidar cuál iba a ser mi próximo pensamiento. Esas son mis primeras experiencias meditando, lejos de lo que me representaba como seria sentirme al meditar.

Comprendo que mi único propósito en mi práctica de meditación, podía ser cultivar la atención. Mi método resulta poner la atención en la respiración. Y los efectos son variados. En algunos días la meditación es como un descanso tranquilo en un espacio infinitamente abierto y tibio. En otros días es más como un campo de batalla en donde cruza una tormenta huracanada. A veces la atención es clara y estable. Otras todo lo que logro experimentar es distracción y dolor.

Los resultados son intensos: sensación de mayor conexión con lo que me sucede en cada momento. Por consecuencia de practicar, un incremento en el nivel de atención, en mi capacidad de permanecer atenta tanto en la práctica formal como en la vida cotidiana, y mi mayor aspiración es lograr menos reactividad en mi vida.

Algunas claves

A través de la práctica de la meditación, fui descubriendo que lo que proviene de sofocar, presionar, o forzar a uno mismo o a otros, no conduce a nada más que a un impulso del ego. De la inseguridad que encubre miedo.

El cambio forzado ocurre, pero cuando no estoy presente en lo que la vida manifiesta. Cuando sin querer hago caso omiso de los signos de que algo en mi está mal pero sigo igualmente adelante, lo que consigo es ser espectadora de cómo se resquebrajan las estructuras establecidas. El cambio forzado es la consecuencia de sentirme encerrada en un conjunto de nociones sobre quién y qué creo que soy, o debo ser (ego), sin tener en cuenta las circunstancias.

A medida que se iban intensificando ciertos conflictos entre las circunstancias actuales y una expectativa de las cosas, resonaba cada vez más la frase que un amigo me dijo hace dos años y medio atrás: la naturaleza de una crisis implica que algo tiene que cambiar. Resistirse tiene un alto costo. Es enfrentarse a un estado de infelicidad, con un alto costo energético que nos implica mucha energía en intentar sostener un cotidiano vacío.

Dicho de manera simple, estaba negando el curso natural de la vida. Estaba queriendo aferrarme de un modo dependiente a mí alrededor. La verdad es que si bien es cierto que no es necesario llegar a ese punto, a veces es ineludible. Sin querer vamos ignorado “los síntomas”, y los resultados son el deterioro de la salud, la sobre-identificación con el trabajo, y/o el fracaso de la pareja, causando que se pierda no solo la felicidad, sino los motivos más significativos de la vida

Permito que el cambio suceda

El cambio forzado, incluso cuando lo que está en juego es una cuestión de vida y muerte, no lleva a un mayor grado de consciencia ni a ninguna clase de transformación interior. Me llevaba a ser víctima de mi propio patrón de conducta, a perpetuarlo hasta que un poco por agotamiento, por shock e incluso por casualidad, logro despertar poco a poco a lo que está sucediendo. Logro ponerme de pie, y asumo la responsabilidad de hacer ciertos cambios en mi vida.

Allí es cuando doy un paso permitiendo que el cambio suceda pero sin aferrarme, sino aceptando a esa naturaleza cambiante en mí, abrazándola hasta los huesos, hasta que se convierta en una elección, un modo de vida. Ciertamente veo que este cambio se torna posible solamente cuando tengo una atención libre, permitiendo fluctuaciones, sin luchar en contra, sin cubrir, aquellos momentos de dolor. Cuando permito que mi nivel de atención no esté completamente absorbido por mis condicionamientos. La habilidad para actuar y responder (en vez de reaccionar) depende de la capacidad para mantener un nivel de atención semejante.

La esencia del proceso de desmantelar los condicionamientos, es la capacidad para mantener la atención frente a las reacciones habituales y no ser consumidos por ellas. Por lo tanto, el trabajo inicial tiene que ver con la transformación interior, favoreciendo, aceptando e incluso cultivando la atención, para la práctica de meditación, sin buscar nada más.

La atención es una capacidad que se puede desarrollar, igual que la resistencia física. Se cultiva ejercitándola repetidamente, así como la flexibilidad se desarrolla por un estiramiento repetido. En la meditación, primero se ejercita la atención en un pequeño grado, experimentando la respiración— sintiendo el ir y venir de la respiración en atención. A medida que la atención crece, se torna más fuerte y puede operar en niveles de energía cada vez más elevados. Como resultado, estamos progresivamente cada vez más presentes en nuestra vida.

Meditar es cultivar la atención

Cultivar la atención es como cultivar una planta. Nadie hace que una planta crezca. Una semilla crece y se convierte en una planta por sí misma cuando las condiciones son correctas. En la práctica de meditación, proveemos las condiciones correctas para que la semilla de la atención crezca.

Sentarse expresa la intención de estar estable y presente. No apoyarse en nada expresa la intención de confiar en tus propias capacidades. Mantener los ojos abiertos expresa la intención de estar presente en el mundo sin distracción.

La meditación es experiencial, no es intelectual. El Budismo habla mucho sobre la mente, pero mente no significa intelecto; en cambio, mente es todo lo que experimentamos. Mente incluye las sensaciones, los sentimientos, y el corazón, así como también los pensamientos y el intelecto. Por eso meditar no es buscar poner la mente en blanco.

Por ejemplo, en una clase mi profesor me invitó a “sentir mi cuerpo como una montaña, respiración como el viento, mente como el cielo“. Invitándome a dejar que el cuerpo sea como una montaña, quieto sin esfuerzo, y retornando a la alineación natural del cuerpo. “Dejá que la respiración sea como el viento, libre, sin ninguna sensación de restricción, y retorná al ritmo natural de la respiración. Dejá que la mente sea como el cielo, abierta y clara, incluyendo pero no perturbada por pensamientos, sentimientos y sensaciones, y retorná a la atención y la consciencia natural. La meditación es un retorno constante al estado de vigilia natural y a la mente original. Dice el maestro, Juan Pablo Restrepo.

Reconocer mis patrones

Meditando podría descubrir una idea para un gran obra, la próxima gran novela, o un modo de terminar con el hambre mundial. Pero lo que veo claramente, es que no desarrollaba allí una atención sincera ni lograba abrirme al misterio de la existencia. La energía de la práctica fluye desde la atención hacia dentro de los patrones habituales. En un inicio, en ausencia de una práctica de atención, los patrones habituales adquieren una fijación mayor de la que tenían originalmente.

A partir de una práctica sostenida diaria, entiendo que es un espacio para estar presente en mi vida combatiendo mis automatismos, observando y reconociendo mis patrones. Estando en contacto con mis emociones. Evitar este conflicto, es entregar nuestra vida a los patrones. Cosa que no está bien vista, pero este es solo un incómodo inicio para permitir que las cosas verdaderamente cambien.

Te invito a experimentarlo. No te vas a arrepentir. Pero además podés involucrar ese estado al conversar con alguien, y practicar la escucha abierta y sin juzgar. O al probar un alimento intentar percibirlo sin estipular previamente esto es rico, o feo. Poder estar en una atención abierta, disponible y principalmente flexible al presente y a lo que las cosas son.

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JESICA JOSIOWICZ

Es bailarina y docente. Estudió y brinda clases de Pilates. Cursa Asthanga Sadhana Yôga y el profesorado en VINYASA FLOW. Practica Ashtanga Yoga desde 2013. Practica y realizó una capacitación en Mindfullness. Estudia filosofía y meditación junto a Juan Pablo Restrepo entre otros docentes.

Seguila en su cuenta de instagram @jesi_josiowicz/

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Publicado por Jesica Josiowicz

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