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María Di Masso (instructora de Ashtanga Yoga)

Maria di masso

Entrevista a María Di Masso (instructora de Ashtanga Yoga)

Nuestra siguiente invitada a la serie de reportajes a embajadorxs de luleå y otras personalidades del Yoga es el instructora de Ashtanga Yoga y embajadora, María Di Masso. Conocé más sobre su método, historia, motivación y qué opinan sobre la Ropa para Yoga de luleå .

Nos gustaría que nos escribas con más preguntas para o cualquiera de nuestrxs embajadorxs y si querés contarnos sobre tu experiencia con la práctica y con la Ropa de Yoga de luleå , más que bienvenidx!

• ¿Cómo te acercaste al Yoga?

Una amiga, Patricia, practicaba Yoga dos veces por semana en la casa de una señora, María Rosa, y me propuso ir con ella para ver si me mejoraban los dolores de cabeza. Yo empecé a ir a las clases por problemas de espalda que me causaban migrañas muy fuertes. Tenía unos 22 años. En la casa de María Rosa había un montón de fotos de India, de sus viajes y con su maestro que mucho más tarde me di cuenta que eran del shala Pune y con Iyengar. Las clases eran individualizadas durante los primeros 45 minutos, recuerdo que a mi me hacía hacer muchas aperturas de pecho, una de esas aperturas era sobre un banquito largo sobre el que me acostaba y el borde quedaba a la altura de mis omóplatos. Me ponía frazadas y almohadones para poder apoyar la cabeza y me ataba las piernas. Después de tantos años sigo pensando que me tengo que conseguir un banquito para poder volver a hacer esa postura.

• ¿Cuándo sentiste que querías instruirte en la práctica de Yoga? ¿Cómo fue?

Mucho más tarde de ese año de práctica con María Rosa, empecé el instructora de Sivananda. Mi intención no era dar clase sino profundizar más en la práctica y empezar a leer cosas más teóricas, tanto de filosofía como de anatomía y asanas. Ese curso era en un estudio donde los que hacíamos el instructora teníamos pase libre, había clases de Sivananda clásico, de vinyasa, de hatha y de “ashtanga” guiadas modificando la serie. Yo iba a todas las que podía. En un momento invitaron a dos profesorxs autorizadxs de Ashtanga a dar clases durante 2 meses, eso se tenía que pagar aparte, pero recuerdo que fui a una de las clases y me enamoré inmediatamente de la práctica, nunca más dejé de practicar y terminé dejando el instructorado y yéndome a Mysore 4 meses al año siguiente. En ese momento todavía no tenía intención de ser profesora de Yoga, pero estando en India me mandó un mail una amiga que tiene un estudio de danza, gimnasia y Yoga en Rosario preguntándome cuándo volvía y si podría y quería reemplazar a una de sus profes que estaba embarazada, así que cuando llegué a Rosario saqué todos mis apuntes de lo que había estudiado y me puse a armar una secuencia. Recuerdo esa primera clase como si fuera ayer. Era de Hatha, la tenía toda escrita, la debí practicar un millón de veces yo sola antes de darla, y cuando entré en la clase llena de alumnos, me presenté, empecé a guiarles lo que tenían que hacer y me di cuenta que me hacían caso, la verdad es que me dio miedo. Era la primera vez que me ponía adelante de una clase y ¡me hacían caso! Sentí una responsabilidad que continúa ahí, hay que saber muy bien lo que se hace porque la gente confía lo que hace con su cuerpo a la persona que está dando la clase y eso merece todo el respeto del mundo.

• ¿Cuáles fueron los primeros cambios que notaste?

Lo primero que noté es que me dejó de doler la cabeza, sigo teniendo migrañas de vez en cuando pero con mucha menos frecuencia que antes. Después de eso, durante mi primer año de ashtanga bajé 10 kilos que después volví a subir pero por aumento de masa muscular, yo lo llamo “redistribución de la riqueza”, me cambió el cuerpo. Tener una rutina diaria de práctica me acomodó el día, me daba (y me sigue dando) energía y claridad metal.

• ¿Cómo repercutió la práctica en otros ámbitos y rutinas de tu vida?

La rutina de la práctica diaria acomoda las comidas, el sueño, los horarios en general. No me voy a dormir tarde porque me levanto temprano para practicar o dar clase, no ceno tarde ni pesado (o no ceno) para sentirme bien al día siguiente en la práctica, la actitud de la gente que me rodea hace que tienda a tener más relación con determinado tipo de persona que tiene un sistema de valores similar al mío… la práctica cuando pasa a ser una sadhana inevitablemente repercute.

• ¿Por qué recomendarías la práctica diaria de Yoga?

Depende de cada persona. La práctica de asanas es una herramienta que te va a ayudar a lo que necesites, puede ser para sentirse mejor físicamente, puede ser para calmar el nivel de estrés, para ponerse en contacto con unx mismx… cada persona usa la práctica para lo que la necesite, y esas necesidades pueden ir cambiando, así que no hay una razón, es algo que sirve para lo que sea que la persona se proponga.

• ¿Cual es la postura que más disfrutas? ¿Hay alguna que haya provocado un quiebre en tu práctica? ¿Por qué?

Mi postura favorita es Marichiasana B, me gusta que la puedo hacer y sobretodo mantener sin esfuerzo, trabaja sobretodo apertura de caderas y me siento muy cómoda y relajada. En ashtanga se avanza en la práctica a medida que las posturas te van saliendo. Para mi fue un quiebre en mi práctica cuando llegué a una postura que definitivamente no me sale y tuve que lidiar con un montón de estados de ánimo diferentes con respecto a eso: frustración, enojo, impaciencia… hasta que finalmente empezó a no importarme y a disfrutar de la práctica sin darle tanta importancia a lo que “me sale” o no. Fue un aprendizaje dejar de darle importancia a las posturas y practicar igual.

• ¿Qué consejos darías a un alumno o colega si quiere abandonar la práctica?

Lo más difícil de la práctica diaria es empezar, poner el mat y hacer el primer saludo al sol. Yo recomendaría no fijarse objetivos, no obsesionarse con hacer toda la práctica, recomendaría hacer un saludo al sol cada día, y después de ese primer saludo ver qué pasa. La práctica se tiene que disfrutar, sino sucede eso se termina abandonando. Uno de los ejercicios que me gusta hacer con mi propia práctica es decidir en qué me voy a concentrar ese día, una sola cosa, e intentar aplicar esa cosa a toda la práctica, sea la que sea. Puede ser la respiración o qué estoy haciendo con los pies o las manos, los puntos de mirada… cualquier cosa pero solo una y que el resto sea secundario. Darle un toque diferente, un enfoque diferente cada día.

• ¿Qué pensás sobre el aporte de luleå a la comunidad yogui?

luleå apareció en un momento en el que si querías comprar ropa de práctica no había ningún lugar donde específicamente hacían ropa para yoga. Las grandes marcas son siempre excesivamente caras y no siempre cumplen la función (las calzas transparentan, los tops no sostienen cuando haces posturas invertidas…) Así que para mí el hecho de que esté pensado específicamente para practicar hace que sea única.

• ¿Cuál es tu prenda luleå favorita? ¿Por qué?

La Calza Extra Larga de Supplex. La primera calza que tuve la sigo usando, es azul oscuro (creo que ya no se hace más) y sigue siendo mi preferida. Ahora ya está gastada, obviamente, tiene años, pero sigue sosteniendo igual, sin deformarse ni moverse cuando practico. Una maravilla.

• ¿Qué resaltás de la ropa luleå?

Sobretodo que es cómoda y de buena calidad, hecha en Argentina y con una política de empresa con la que estoy totalmente de acuerdo ¡¡¡FELICITACIONES!!!

Muchas gracias María por tu tiempo y por estar siempre con luleå !

 

Conocé más sobre María en sus redes sociales.

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