Publicado el 25/06/2021

El yoga y la danza, artes complementarias

La profe de Yoga y bailarina, Flavia Siutti, comparte un texto sobre las semejanzas y diferencias de estas dos disciplinas: El yoga y la danza, artes complementarias.

“mi alfa y mi omega es que todo lo que es pesado y grave llegue a ser ligero; todo lo que es cuerpo, bailarín, todo lo que es espíritu, pájaro.”

“sólo podría creer en un dios que supiera bailar”.

                                                                       Friedrich Nietzsche – Así habló Zaratustra

El yoga y la danza

La práctica física del yoga y la danza tienen muchas cosas en común y distando de ser la misma cosa, pueden enlazarse y complementarse entre sí. Las dos entrañan el movimiento del cuerpo, la atención al momento presente y una cierta alteración del estado de consciencia. Ambas contienen, en su esencia, la cualidad extática.

Bailamos desde tiempos inmemoriales en nuestra historia como especie y desde el desarrollo individual. No importa cómo lo hagamos, con qué finalidad o si lo hacemos solos o acompañados: bailar es un acto expresivo. El arte de la danza como lo conocemos en occidente se remonta a la antigua Grecia, integrando la tragedia junto con la música y el poema. Representa el culto a Dionisio, dios del vino y símbolo del instinto, lo inconsciente e irracional; en definitiva, del olvido de la individualidad.

Salvando las distancias, a través de sus mitos podemos vincularlo con la figura de Cristo. Ambos son hijos de dios, Zeus en el caso de Dionisio, y deben morir para ascender al cielo –o al Olimpo– y sentarse a la derecha de su padre. Pero también podemos asociarlo nada más y nada menos que con el dios hindú Shiva. Shiva es destructor y renovador del universo, representante del caos, el misterio, el tiempo y la naturaleza así como de la alegría y de las artes. Como manifestación del ritmo universal es el señor de la danza, y como imagen del ascetismo es conocido como el gran yogui.

Encuentros y desencuentros

El yoga, como la danza, es una disciplina muy antigua. Para los hinduistas es eterno –siempre existió y existirá– y se trata de un sistema para cultivar el autoconocimiento y la autorregulación. Es un medio para trascender la individuación y alcanzar la unión con lo divino, con la consciencia única e impersonal.

La práctica física del yoga es muy importante, y definitivamente ayuda a mantener una buena salud y acceder al estado de meditación. Pero no tiene como fin experimentar el goce estético o la dramatización de nuestro mundo interno, ni siquiera cuando algo de esto sucede. Es por eso que aquí encuentro una diferencia fundamental con respecto a la danza; mientras que ésta busca expresar con el cuerpo las respuestas a estímulos internos o externos, el yoga comprende, desde el movimiento, una tendencia hacia la quietud y el desapego, no una dramatización.

Así como al realizar posturas de yoga intentamos no identificarnos con nuestros pensamientos, emociones y entorno, al bailar los hacemos carne y los ponemos en movimiento. Aun cuando la práctica física de yoga se torne cuasi performática, definitivamente ese no es su fin. De igual manera, aún cuando la danza cobra un sentido espiritual, puede tener otros objetivos menos solemnes y asociados simplemente al entretenimiento. Podemos ver cómo la danza moderna y el movimiento contemporáneo han sido enormemente influenciados por el yoga, tanto en el movimiento como el control de la respiración. Podemos verlo en la obra de Martha Graham y Merce Cunningham, entre otros.

Apolo y Dionisio

La danza y el yoga están también atravesados por las características del espíritu apolíneo, en referencia al dios griego Apolo. Representa la lucha interna por la mesura, la armonía, la razón y la belleza. Es comparable –otra vez, salvando las distancias– con la imagen del Buda, figura definitivamente influyente en el yoga.

A lo largo de la historia de la humanidad, el baile dejó de ser solamente una forma de expresión ritual primaria para consolidarse, asimismo, como un arte muy extenso. Así, la danza comprende una variedad de técnicas distintas provenientes de distintas partes de todo el mundo y con diferentes criterios estéticos. En este sentido podemos encontrar otro punto en común con la práctica física del yoga, cualquiera sea la tradición que se siga o el estilo que se practique, en cuanto al refinamiento técnico ambas requieren instrucción y dedicación. La disciplina del bailarín es bastante parecida a la disciplina purificadora del yogui. En los dos casos se reconoce y sigue el ritmo interno del cuerpo, aún cuando la danza se pueda combinar también con la música.

En el nacimiento de la tragedia, Friedrich Nietzsche (filósofo, poeta, músico y filólogo alemán del siglo XIX) distingue estas dos fuerzas en constante tensión. La regularidad apolínea como la manera en que le damos sentido a nuestra existencia, y el trance dionisíaco como la fusión con el uno primordial. Cuando chocan estas fuerzas chocan en el hecho o producción artística alcanzamos a rasgar el velo de maya, concepto hindú que hace referencia a vislumbrar la verdad que está detrás de la ilusión en la que vivimos a través de la existencia fenoménica.

Para Claudio Naranjo (músico, pensador y psicoterapeuta gestáltico chileno, 1932-2019) los espíritus apolíneo y dionisíaco son complementarios e igualmente necesarios. El primero representa la estructura y los límites que llevan al autoconocimiento transformador y la armonía interior. El segundo nos conduce al amor hacia nosotros mismos y el amor universal.

No tan distintas

Tanto la danza como el yoga está también presente esta regularidad, este orden que mediante la estructura admite la transformación. En el ballet, por ejemplo, podemos hallar una formalidad más bien apolínea en comparación con el baile popular o improvisado y desenfrenado, así como la práctica física del yoga también contiene límites que la ordenan, armonizan y encausan.

El arte de la danza y el baile como necesidad humana implican una representación de la realidad mediante el movimiento expresivo. La práctica física del yoga es un método para el reconocimiento de nuestro verdadero ser a través del control del cuerpo. En ambas hallamos, de diferentes maneras, el éxtasis dionisíaco y la neutralidad apolínea, el complemento integrador para liberar nuestra consciencia.

Tanto el yoga como la danza son campos de estudio y aprendizaje tan grandes que exceden mi propia capacidad de comprensión y habilidades para seguir escribiendo. Pero mientras todavía me pregunto si el baile habrá influenciado al yoga como el yoga influenció a la danza moderna, intuyo que esta relación entre lo apolíneo y lo dionisíaco está detrás de que a los bailarines les cautive tanto el yoga y a los yoguis les guste tanto bailar.

Flavia Siutti

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Mini Bio

Flavia es profesora de hatha vinyasa yoga y bailarina de danza contemporánea. Ofrece clases, cursos y talleres de manera presencial y online integrando su experiencia, estudio y amor por la práctica de yoga y el arte.

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Publicado por Flavia Siutti

1 Comentario

  1. noe

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