Publicado el 27/05/2020

La práctica como espacio sagrado

Julia Napier, profe de Ashtanga Yoga y escritora, comparte un texto sobre cómo cuidar nuestra práctica como un espacio sagrado.

 

Desde años practico en mi casa, así que la cuarentena no cambió tanto ese aspecto de mi vida, pero al tener a todxs en casa, me cambió por completo. Siempre he tenido un espacio delimitado que reúne ciertas características simples para mi práctica: que sea limpio, luminoso y sin una brisa corriente, siguiendo las estipulaciones básicas de la Hatha Yoga Pradipika, el manual clásico de los Hatha Yoguis.

Cuando los chicos eran pequeños, yo practicaba en el living porque me permitía ver en qué andaban. Ahora que son más grandes, tenemos un cuarto en el jardín dedicado a la práctica. Hay fotos de nuestrxs maestrxs, un lindo piso de madera y luz de tarde. He pasado largas horas felices allí con mi mat y mi alma. Pero ahora “la escuela” de mi hijo Oliverio tomó su lugar y con él, se mudaron una guitarra eléctrica, un juego de dardos y The Strokes. Mi plan B es un pedazo de living con vista al jardín, pero mi hija Justina instaló su escuela en una mesa cercana, así que a veces recurro al plan C, un trecho angosto al lado de mi cama. Como mi marido armó su oficina virtual en nuestro dormitorio, me voy rotando según quién zoomea, pero siempre respeto las mismas condiciones básicas:

 

-Limpieza (barro antes de practicar)

-Luz (de día, de una vela, del brillo de una flor)

-Tiempo (para iniciar y cerrar la práctica sin demasiado apuro; este es el elemento más escaso en este momento)

 

 

Dónde practicamos es un detalle menor, pero realza la importancia de lo que hacemos sobre el mat. Los templos y las iglesias siempre están marcados por la belleza estética. Cuando practicamos en un estudio, el instructor o instructora hace este trabajo por nosotrxs. Nos llaman a entonar el mantra juntxs, ponen flores y velas, quizás un sahumerio. Pero en casa, y sobre todo en cuarentena, se nos puede ir todo al demonio. Por suerte, el yoga es una invitación constante a volver a empezar.

A veces es fácil ignorar el marco ceremonial de asana para llegar a la parte jugosa de la respiración, los vinyasas y las extensiones que nos abren el corazón (a veces cerrado en este momento). Es tentador tener el celular cerca o apurar la relajación final, total ¿quién se dará cuenta?. Hay tantas cosas para hacer en un día de cuarentena. Pero si practicamos en un placard a oscuras o en una mansión resplandeciente, vale recordar que cada momento es una oportunidad para tomar contacto con lo sagrado. He practicado en cárceles, hospitales, aeropuertos e innumerables hoteles. Nunca me deja de sorprender la transformación que la práctica otorga.

Como muchas cosas en la vida, el yoga empieza desde afuera y va hacia adentro. Nos paramos sobre el mat, acomodamos los pies, tomamos un momento para registrar la respiración, cantamos un mantra, y arrancamos. La musculatura que utilizamos también va desde afuera hacia adentro y, al principio sentimos más fácilmente la musculatura gruesa de los glúteos, trapecios, isquiotibiales; pero con el tiempo, tomamos contacto con el serrato anterior, los abdominales transversos y el suelo pélvico. Dejamos lo obvio para sentir lo esencial. Nuestra mirada se aquieta, la respiración se profundiza, si hay ruido de fondo ya no nos molesta. El foco cambia y nosotros con él.

 

 

 

La Bhagavad Gita nos advierte de que la práctica es, en realidad, un sacrificio de fuego, un puja, un acto de ofrecer. Estas ceremonias apelan a todos nuestros sentidos (con colores, aromas, sonidos) y siempre se ofrece lo mejor. Dentro del fuego, la ofrenda se transforma. Como saben, la palabra tapas, o disciplina, significa cocinar o quemar. Cada vez que nos paramos sobre el mat, tenemos la posibilidad de participar activamente en esta ofrenda, de dar lo mejor que tenemos, “no para los frutos” como dice Krishna, sino por la experiencia en sí. Somos la ofrenda y también somos la transformación.

Entonces, cuidemos el espacio de la práctica, aunque sea diminuto, compartido, cambiante. Atesoremos este momento con nosotros mismos, con el misterio que nos habita y la tradición que nos antecede. Prendamos una vela, toquemos una campana, acerquemos una flor para recordar que este momento es sagrado. Demos y recibamos. Ahora y siempre.

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Para saber más de Julia entrá a su página web: http://www.julianapier.org/

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Mañana es Jueves de #communitytopic

Se trata de un espacio de intercambio en nuestras stories de Instagram, dónde una invitada/o comparte su experiencia sobre temas de interés para nuestra querida #comunidadlulea

Mañana recibimos a Julia Napier para charlar sobre cómo convertir nuestra p´ractica de yoga en nuestro lugar sagrado.

No te pierdas las stories de este jueves especial y aprovechá para preguntar y aportar lo que quieras!

Seguimos cuidándonos y acompañándonos, cada cual desde su pero siempre conectadxs

Namasté

 


 

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Publicado por Julia Napier

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