Publicado el 28/09/2020

Sanar una y mil veces

La profe de Yoga, Martina García, nos explica como impacta el proceso de sanación en el otre: Sanar una y mil veces. 

Podría parecer que quien se embarca en un camino de trabajo y sanación profunda lo hace solo y sienta soledad en el proceso, porque parte del camino de sanación consta de mucho desapego. Desapego de viejas prácticas que no nos sirven, de comidas que nos enferman, de vínculos tóxicos, de patrones repetitivos, desapego de situaciones que nos arrastran a decisiones perjudiciales para nuestro nuevo Yo. Y todos los frutos de ese sacrificado trabajo parece resonar sólo en quién se embarcó en ese viaje. Pero no es así.

Cuando alguien hace una sanacion profunda es muy probable que esté sanando heridas y patrones del linaje familiar que se vienen repitiendo generación tras generación.

Estamos conectados sutilmente y el trabajo interno mío afecta a mi familia y a quien tengo al lado.

Es como cuando tenemos una contractura. No es que simplemente está afectado al músculo en cuestión únicamente. Quién estudió un poco de biomecánica sabe que todo está recubierto y conectado por la fascia. Y es como si tuviéramos una sábana y hacemos un nudo en una punta: las arrugas atraviesan toda la tela. De la misma forma funciona una contractura. Quizás el nudo está en el hombro, pero afecta todo el cuerpo y puede llegar a tirar la zona lumbar. De la misma forma un problema o una herida o patrones de alguien en el linaje pueden afectarnos si no se sanan.

Cuando uno sana, sanamos todos. 

Y quizás nos cuesta entender estos conceptos porque desde que la ciencia basada en el pensamiento analítico y reduccionista se empezó a tomar como única fuente de sabiduría y cada vez más la separación, categorizacion, fragmentación y especialización comenzaron a ganar terreno e importancia, se dejaron de lado los conceptos integrales y el impacto de las acciones en un todo complejo y sutil. 

Si pudiéramos verlo de alguna forma más concreta (porque de nuevo, es lo que más fácil nos resulta porque estamos acostumbrados a identificarnos con lo tangible y denso) podríamos entendernos como gotas de agua pertenecientes a un océano. Si claro, el océano es agua, y está formado por millones y millones de gotas, pero cada gota aparte de gota es y hace al océano.

De la misma forma somos los humanos. Cada uno es un Ser. Pero somos parte de algo que es más que la suma de todos. Es algo mucho más inmenso. Y las fuerzas que existen dentro de esta inmensidad sutil hacen que la acción de uno impacte no solo en quien la realizó sino en toda la inmensidad que lo contiene y de la cual está formado. 

Cuando uno sana, sanamos todos.

Si, cada uno tiene que hacer su camino y sanar sus propias heridas, y quizás las heridas de su linaje si nadie hizo ese trabajo en la familia. Pero si pudiéramos cambiar nuestra visión y entender cómo todo está interconectado y relacionado, veríamos la sanación como una fuerza que impacta en menor o mayor medida no solo en nosotros que hacemos el trabajo sino en todos. Pues todos somos Uno.

Y esto lo podemos sentir en el campo sutil pero también lo podemos observar en el campo más denso. La mayoría de las veces, predicar algo no resuena en el otro, sino que genera rechazo. Quizás ese rechazo viene desde un eco profundo de verse reflejado en el otro. Como cuando alguien nos irrita por cómo es. Quizás hay algo de esa persona que yo tengo, y que estoy reconociendo y por eso mismo me irrita.

Si, la mayoría de las veces, predicar algo no resulta favorable, aunque lo prediquemos desde un lugar de compartir algo que nos hace bien. Pero en cambio hacer un cambio en uno, impacta en el otro sin necesidad de predicar nada a nadie. Sanar es un movimiento poderoso y profundo de energía. Y ese movimiento es el que impacta en el otro. Sí. Definitivamente cuando uno sana, sanamos todos.

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Publicado por Martina García

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