Publicado el 04/11/2020

Yoga: el camino de la consciencia

La profe de Ashtanga, Martina Garcia indaga en los por qué y para qué elegir el camino de la consciencia: el Yoga.

¿Por qué elegí este camino?

A veces siento que todo sería tanto más fácil si no tuviese (¿fuera?) ese observador instalado en mi. Si no tuviera que ver las situaciones desde la mirada del mensaje y la enseñanza que vienen a traer, y simplemente me quejara de ellas o las disfrutara ingenuamente.

Fantaseo con la idea de nunca haberme hecho cargo de mi consciencia, de mi existencia. De no ver que todo lo que me rodea es un reflejo mío y que lo que me molesta es una expresión de algo interno que me molesta. No hacerme cargo de lo que me duele y lo que se repite. De no tener que soportar el dolor agudo del ego. Imagino cuánto más fácil sería todo si no me hiciera constantemente preguntas. Esas preguntas difíciles que me empujan a estar en revisión constante de mi, de mis acciones, de mis pensamientos, de lo que soy y lo que vivo. De lo que quiero, de lo que manifiesto y lo que me limito.

Pero al mismo tiempo pienso que es inútil pensar en todo eso. Y no solo inútil, porque se transforma en esa clase de pensamientos que la mente ama y que tanto queremos acallar, sino engañoso. Es engañoso porque se que de ninguna manera sería más fácil. Sería algo diferente. Hasta incluso más doloroso. Porque sentir que te pasan cosas porque sí, y no poder procesarlas y sacar algo bueno de ellas, produciría más angustia y dolor que el propio dolor de la situación en sí. Con el plus de que al poder procesarlas y tratar de entender el “para qué” de esa situación, después de varias veces, se puede lograr un cambio profundo. Cambio en los patrones que tenemos todos que repetimos una y otra vez, con distintos nombres, con distintas caras, en menos y mayor medida, pero una y otra y otra vez.

Lo manifestado y la consciencia

Llego de nuevo a la misma conclusión que tantas otras veces en este camino del Yoga. No se si importa hacer foco en el “Por qué” sino en el “Para qué”. Tampoco estoy segura de saber el para qué de este camino. O si? Hay días que creo saberlo y estoy convencida y hay otros tantos que dudo, revoleo los ojos y me canso de todo. Quizás esos días que estoy segura del para qué del Yoga, tenga razón. Seguramente. Lo que no sé es si es una respuesta totalmente completa. Creo que se irá completando a medida que vaya sumergiéndome más y más en esta selva de conocimientos. Y pienso cómo la mente trata de buscar límites una y otra vez. Hasta en las respuestas.

Ahí veo claramente a Prakriti Y Purusha. Lo manifestado y la consciencia. Lo manifestado tratando de expresarse mediante los límites, porque así es su naturaleza. Y la mente? Es extraño pensar que algo tan abstracto como la mente necesite los límites para definirse a ella y a todo. Pero los necesita, los crea, los internaliza hasta el punto de que dejamos de ver que son límites.

El “por qué” es tan propio de la mente. Es como un pequeño niño que quiere buscar un culpable. Quiere señalar, culpar, llorar y enojarse. Porque no es una pregunta desde la curiosidad, es una pregunta acusativa. Es intensionada a descubrir qué origina esto que me molesta. Pero se quiere quedar ahí. En cambio el “para qué” es como un adulto maduro que quisiera buscar, frente a esto que me molesta, lo que hay que aprender. Quizás el para qué sea tan infinito que no puede ser contenido en una simple respuesta. Y quizás esa respuesta infinita sea lo que tengo que aprender. Que soy infinita.

Soy infinita.

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Publicado por Martina García

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