Publicado el 10/07/2020

Redes sociales: de instayoguis y cuarentena

La profe de yoga, Gabi Ferreyra, nos comparte su experiencia con las redes sociales en tiempos de aislamiento.

 

Recuerdo que mientras cursaba el profesorado de yoga me avergonzaba la sola idea de publicar una foto mía en una postura de yoga. Sentía que la preparación para esa foto y el proceso de construirla, era falaz. La sensación de ese momento era muy clara: estaba sumida en un proceso de aprendizaje muy intenso sobre lo que es la práctica de yoga y su filosofía.

Nadar en esas aguas profundas del profesorado y de mi misma, quitaba sentido a la posibilidad de linkear yoga con redes sociales. O mejor dicho, yo sentía que me ridiculizaba como practicante y futura profesora. Recuerdo claramente el día que pedí a una amiga que me diera una mano para tomar una fotografía de mí en la postura del camello, ustrasana. Elegí una calza en tonos rosas, con dibujos de mandalas; entré mi cuerpo en calor haciendo algunos saludos al sol y ya estaba lista para hacer LA FOTO.

La compartí en mis redes sociales con cierta reserva, con temor al qué dirán mis compañeras practicantes y profes. Recibí algunos me gusta, varios me encanta y ningún me enoja. Esa fue una señal tranquilizadora, aunque las redes sociales no siempre (o casi nunca) son un reflejo de la realidad. Se abrió entonces una puerta un poco adictiva. Mi ego comenzó a pedir alimento a diario.

 

Instayogui

 

Pasaron unos cuantos años ya de mi debut como “instayogui”. Ahora me resulta de lo más normal hacer un posteo sobre mi práctica o subir una fotografía de mí en algún asana. También me resulta muy “natural” ver cientos de fotos a diario de otras personas mostrando sus habilidosas posturas seguidas de descripciones sobre su práctica. Y así como existe esta movida en las redes, soy consciente de que hay muchxs profes y practicantes que no forman parte ni les resulta importante hacerlo. Ni bien ni mal. Nada de lo que diga aquí se trata en absoluto de un juicio de valor.

Cierto es que las redes sociales pueden abrir caminos de encuentro y ser útiles como medios de difusión altamente eficaces y con una llegada masiva muy interesante. Pero, no existirán también algunos efectos colaterales algo indeseables en este uso permanente de la vidriera digital? Cuál es la relación de nuestra sadhana con las redes sociales? No es acaso contraproducente el alimento constante al ego a través de este sinfín de imágenes?

 

Cuarentena

 

Comencé a escribir este artículo hace tiempo, sin coronavirus entre nosotres. Sin cuarentena disponiendo el encierro preventivo de nuestros cuerpos, el famoso “aislamiento social preventivo obligatorio”. Parece que ha pasado una eternidad entre aquel momento y este. Y lo que sucede es que la relación como practicantes de yoga con las redes sociales ha cambiado bastante, al menos en mi vivencia personal. La necesidad de echar mano a las redes como herramienta que apuntale mi práctica obligó a replantearme un poco mi concepción de la relación entre Yoga/Instagram, Facebook y demases.

Qué pasa con nuestro yoga cotidiano en un mundo en cuarentena? Si no tengo la costumbre de subirme al mat y practicar sola, cómo continuar con la rutina semanal de yoga a la que estaba acostumbrada y me hacía tanto bien?

Sin duda las redes sociales se han convertido en un camino posible. Clases compartidas de yoga online, videos gratuitos en Instagram que podemos seguir en vivo, filmaciones de profes compartiendo vinyasas y ejercicios respiratorios para que podamos replicar en nuestros espacios de aislamiento.  También aparecieron las prácticas por teleconferencia! Y esta fue una novedad muy loca pero para algunas de nosotras, muy necesaria.

Ciertamente no es lo mismo, me dirán. Y no, no lo es. Pero, por qué? qué es lo que cambia? Como siempre, voy a abordar estas lineas desde mi experiencia personal como practicante, sobre cómo, en pocos días, me vi en la disyuntiva de tomar decisiones respecto de la continuidad de mi práctica y su relación con las redes sociales.

Unos días antes de declararse oficialmente la cuarentena yo continuaba con mi asistencia a clases, con saludos de codito y tomando una distancia adecuada de mat a mat. Pero pronto fue evidente que ya no iba a ser posible continuar con la inercia cotidiana. Al recibir la noticia de que ya no habrían clases presenciales me dije “bueno, voy a practicar sola. Tengo las herramientas para hacerlo. Sólo tengo que poner un poco de disciplina y todo va a andar bien”.

Esto funcionó un par de días, pero en medio de la pesada coyuntura no pude sostenerlo. Me resultaba muy arduo enfocar la atención, la respiración se entrecortaba y mi mente viajaba por preocupaciones de la vida diaria en esta nueva situación. Tomar clases virtuales no me cerraba verdaderamente. Me parecía incómodo, raro… todo pasaría a depender de mi relación con los medios virtuales: desde pagar mediante medios virtuales hasta tener un lugar tranquilo con wi-fi donde poder poner el mat sin interrupciones en la conexión y libre de circulación de la gente con quien convivo. Me preguntaba cómo serian los ajustes virtuales, cómo iba a poder practicar sin esa particular energía que se genera en el espacio al que acudimos para tomar nuestras clases. Un verdadero fastidio. Estaba muy enojada y por unos días me alejé de mi yoga.

 

Santosha

 

Dos días sin practicar y el enojo ya era insoportable. Mi cuerpo pedía volver al mat cuanto antes. Por las mañanas miraba las cuentas de instagram de diferentes yoguis sosteniendo sus  practicas habituales en sus casas blancas y puras y realmente quería poder hacerlo también en mi casa no tan blanca ni tan pura. Lo primero que intenté fue una clase en vivo por instagram: una práctica guiada de ashtanga yoga para principiantes.

Empecé bien pero pronto comencé a aburrirme con el ritmo de la clase. No podía acomodar mi respiración a las indicaciones permanentes que daba el profesor. Comprendí que eran necesarias para quienes tal vez tomaban su primera clase (virtual!) de ashtanga vinyasa, pero seguía enojada. Esto no era para mí. Corazones y mil gracias en los comentarios del video. La clase fue gratuita y eso se agradecía. Pero el enojo y la resistencia seguían haciendo de las suyas.

La necesidad de practicar y de hacerlo en compañía, guiada por mis profes, me llevaron a  insistir con la herramienta Zoom. Yoga por teleconferencia. Impensado para mí en otro momento de mi existencia. Si bien no se trata de un red social per se, es una plataforma de encuentro virtual. Me entero de los horarios de clase yendo al perfil de Instagram de la escuela o mails mediante. Puedo permitir que lxs profes vean o no mi práctica, y así realizarme “ajustes” virtuales.  Quisiera resaltar algunos asuntos de toda esta nueva experiencia: por un lado la importancia de poder acomodarnos a las circunstancias; no permitir que el enojo o la angustia de tener que abandonar los caminos conocidos para tomar nuevos, nos limite.

Creo que esta actitud es una enseñanza propia del yoga: buscar la comodidad el bienestar transitando la incomodidad. Por otro lado me resulta muy interesante observar cómo la percepción de una herramienta (en este caso las redes sociales) y el uso particular que hacemos de ella están marcados por el momento determinado que nos toca vivir. Como practicante de yoga puedo hacer uso de las redes sociales como vidriera y alimento al ego, pero también puede ser herramienta que posibilite a otrxs a continuar sus prácticas o incluso a comenzarlas, en estos momentos tan difíciles en que conectar con el cuerpo y la respiración es tan necesario. Incluso entrar en relación con otrxs que están transitando situaciones similares, aunque sea extraño que sea teleconferencia mediante, siento cierto alivio en esa compañia y estoy agradecida por esa posibilidad.

Las redes sociales y los medios digitales pueden ser “vidriera” pero también facilitadores. Nuevos caminos de conexión cuando otrxs quedan obturados, siempre en espera de que podamos volver a encontrarnos en una sala compartida y sentir cerca el calor de los demás practicantes, el empuje de una práctica compartida cuerpo a cuerpo.

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Gabi Ferreyra es practicante y profesora de Yoga. Estudiosa de las artes del movimiento y la educación somática. También es historiadora y fotógrafa.  Seguila en su cuenta de INSTAGRAM

 

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Publicado por Gabi Ferreyra

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